¿Fumamos?

Fumamos
Laura y Manuel llevaban 18 horas trabajando con los números de la fábrica de quesos. Ya eran las 3 de la mañana y en el despacho se podía mascar el humo. Llevaban todo el día encerrados con los números, los informes, las cuentas… Allí estaban decidiendo el futuro de la fábrica.
Su abuelo volvió de Suiza con la receta para hacer el mejor queso azul de Asturias.

Llegó a Basilea cuando, después de la guerra, tuvo que emigrar huyendo del hambre y la persecución, y allí encontró trabajo en una pequeña fábrica regentada por un francés pelirrojo y fanfarrón con el que se pasaba las tardes jugando a los chinos.

El abuelo siempre fue un tipo encantador y sabía encontrar la manera de conectar con todo el mundo. Pronto supo ver que a Pierre le gustaba el juego y, sobre todo, le gustaba ganar. Tarde tras tarde, se aficionaron a jugarse casi todo a los chinos. Pierre nunca sospechó que el abuelo muchas veces se dejaba ganar y se enganchó a esa mezcla de intuición, probabilidad, astucia y una pizca de suerte que son los chinos.
Tarde tras tarde, los dos hombres se fueron haciendo amigos y, poco a poco, Pierre le contó al abuelo el secreto de sus quesos.

El abuelo regresó a España en los 70. Primero de turismo, en verano, solo una semana y luego, poco a poco, fue alargando los veraneos.
El 21 de noviembre de 1975 firmó la compra del terreno, las vacas y las máquinas. Los ahorros de 20 años trabajando en Suiza con Pierre, y un crédito que parecía imposible de pagar, fue el todo o nada del abuelo, la apuesta de una vida.
Poco a poco, la fábrica fue creciendo, kilo a kilo, vaca a vaca, empleado a empleado, tienda a tienda. Fueron años divertidos, la fábrica funcionaba bien, los quesos se vendían bien, y la riqueza crecía en todo el valle. Muchas familias volvieron a Asturias y gracias a la fábrica pudieron recuperar una vida feliz.
Ahora, Laura y Manuel estaban en una situación complicada, ellos no sabían de números y les estaba costando mucho esfuerzo entender la situación real de la empresa. Balances, cuentas de resultados, auditorías, bancos, previsiones de ventas, informes consolidados… No eran capaces de entender todo aquello.
Detrás de esos números estaba la respuesta, allí estaba escondida la decisión correcta. ¿Cuál de las dos ofertas debían aceptar? Ambas ofrecían mucho dinero, las dos garantizaban el futuro de la fábrica y el de las 69 familias que vivían de la producción de quesos. Ellos querían irse a vivir al sur, ya habían elegido la casa que comprarían, ya sabían lo que iban a hacer allí.
Sólo quedaba decidir, pero no sabían como. Laura le dijo a Manuel: ¿Por qué no nos lo jugamos a los chinos? Tú juegas por la propuesta de los americanos y yo por la de los rusos. A Manuel le pareció buena idea, pero le dijo a Laura que antes quería dedicar 5 minutos a pensar en el abuelo, por eso le propuso:

¿Fumamos?

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