Semáforo

Tu veras peque

El semáforo se había vuelto loco, las tres luces se encendían a la vez y no parpadeaban. Era una señal. Algo iba a pasar esa noche. Maribel lo entendió así. Sus ojos marrones, con el aire de tristeza que sólo las putas con cierta edad saben trasmitir, miraban al semáforo y asentían; algo va a pasar.  Justo en ese momento, una cría con aire vacilante apareció por la esquina. Andaba con aire taciturno y parecía no entender porque estaba en ese momento y en ese lugar. Maribel la observo con detenimiento y se transportó a unos años atrás. A demasiados años atrás. Se tocó el pelo, en un intento de arreglo que no logro pues las greñas llevaban con ella demasiado tiempo y el tinte barato color rojo que se daba no provocaba mejora en una mujer que había sido atractiva. Eso le dijeron en Rumania cuando la convencieron para venir a España y trabajar seguro de relaciones públicas en alguna cadena hotelera de la costa. Tu cara y tu figura va a gusta mucho allí. Podrás ayudar a tu familia enviando un montón de pasta cada mes y tu hija estudiará en Alemania o incluso te la podrás llevar a España. Mierda de decisión. Mierda de vida. Mierda de país. Y ahora esta nena en su esquina.

Se acercó con decisión, la iba a decir lo que valía la esquina y lo que la esperaba. Era su esquina y su semáforo. Le dio un golpe con el bolso y la chica dio un salto hacia delante que la hizo caer de rodillas. Los taconazos le habían jugado una mala pasada.

A Maribel le pudo algo en su interior y en lugar de seguir dándole con el bolso como tenía pensado se acerco, la ayudo a levantarse y la observo de cerca. Era una muñeca. Su cara temblaba y sus ojos, de un azul que solo había visto una vez en su vida, empezaban a llenarse de lagrimas.  Se repuso de esa subida de bondad y la miró con odio para generar ese poder que otros ejercían sobre ella y al que ya era incapaz de enfrentarse.

-¿Tu de que vas?  Esta es mi esquina. ¿Me entiendes? Lárgate o te doy. ¿Qué coño haces aquí? ¿De dónde vienes? ¿Quién es tu chulo?

Asa no supo que decir. Estaba medio agachada, con una mano se tapó la cara por si recibía otro golpe y extendió la otra como para separarse. Luego se puso recta y elevando los dos hombros a la vez  solo se atrevió a decir

-No sé nada. No sé …

Las mismas palabras, la misma sensación de impotencia. La cogió  con fuerza y tiró de ella hasta su lugar tranquilo de la calle donde las luces del semáforo la dejaran revisar los puntos clave de su cuerpo y ver si los hijos de puta habían empezado con el ritual de droga y palos. Ahí estaban, como siempre.

De forma instintiva se llevó la mano a su cuello y agarró sus cadenas. Estaban frías, las palpo y dio vueltas hasta que la ahogaban. Las soltó y se quitó la de la cruz verde de la esperanza. Se la pasó por la cabeza a la cría que podía ser su hija.

-Vete, vete, vete ya – Se lo gritó con todas sus fuerzas. Casi escupiéndole la palabra que se repetía todas las noches y días desde que estaba en esa esquina.

El semáforo se puso en verde. Asa no paró .

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